Perfil demográfico de la muestra
Percepción general del funcionamiento de la Justicia
Confianza en el sistema judicial (escala 1 a 10)
Ranking de confianza institucional
Muestra totaln=1.217
Ballotage 2023: votantes de La Libertad Avanza (Milei)
Ballotage 2023: votantes de Unión por la Patria (Massa)
Poder real y percepción de corrupción institucional
Casos judiciales de actualidad
Visión general sobre el sistema de Justicia, la corrupción y su afectación para la vida cotidiana
Funcionamiento de la Justicia: una crisis de legitimidad profunda, estructural y transversal
El presente estudio de opinión pública nos muestra un cuadro de situación que excede ampliamente cualquier diagnóstico coyuntural: la sociedad argentina expresa una desconfianza estructural hacia el sistema judicial y, por extensión, hacia el conjunto de las instituciones políticas que articulan la vida democrática. Lo más significativo del relevamiento no es la magnitud del rechazo —que es máxima— sino su transversalidad: el malestar atraviesa las divisiones de género, edad, nivel educativo, voto y autopercepción ideológica, evidenciando que el tema escapa por completo a la lógica de la grieta política.
1. Una crisis de legitimidad sin precedentes
La confianza en el sistema judicial, medida en una escala de 1 a 10, arroja un promedio ponderado de 2,48, valoración que se ubica en la franja calificada como extremadamente baja. Más revelador aún resulta el contraste entre los votantes de los dos principales espacios políticos: los electores de Javier Milei evalúan a la Justicia con un 2,58, mientras que los de Sergio Massa lo hacen con un 2,39. La distancia entre ambos —apenas dos décimas— constituye un hallazgo central del estudio: la grieta política no opera como variable explicativa de la valoración judicial. Oficialismo y oposición coinciden en condenar el funcionamiento del Poder Judicial argentino.
Este diagnóstico se ratifica en las dimensiones específicas evaluadas. El 94,1% de los entrevistados considera que la administración de Justicia es poco o nada eficiente (57% nada eficiente; 37,1% poco eficiente). En materia de imparcialidad, el 88,3% sostiene que la Justicia favorece a los ricos y poderosos —el 69,7% afirma que lo hace mucho—. Y respecto de la independencia de los jueces, el 94,6% los percibe influenciados por el poder político o económico, con un 81,5% que los considera muy influenciados.
2. Pesimismo retrospectivo y prospectivo
La mirada temporal refuerza el carácter estructural del malestar. El 73,8% entiende que la Justicia argentina empeoró en los últimos años (60,9% empeoró mucho), y sólo un 8,3% percibe alguna mejora. La expectativa hacia adelante no es más auspiciosa: el 55,8% cree que la Justicia empeorará en los próximos años y un 34,8% adicional cree que seguirá igual. Apenas un 9,5% espera algún tipo de mejora. El sistema judicial es percibido, simultáneamente, como deteriorado y sin horizonte de reforma.
3. Doble vara y diagnóstico de impunidad estructural
El 76,6% sostiene que la Justicia es más blanda con los políticos que con el ciudadano común, y un 19,7% adicional señala que depende del caso. Solo un 1,4% afirma que la Justicia trata por igual a ambos. En la misma línea, el 93,2% considera que los poderosos tienen impunidad en Argentina (65,1% siempre; 28,1% muchas veces) y el 85% cree que las causas de corrupción casi nunca o muy pocas veces terminan en condena efectiva. La percepción de impunidad no es ya una sospecha sino una certeza social mayoritaria.
Al consultarse por el principal obstáculo para mejorar la administración de Justicia, el 52,8% menciona la corrupción de los jueces y funcionarios judiciales y un 29,2% adicional la influencia política sobre el Poder Judicial: en conjunto, ocho de cada diez entrevistados ubican el problema en factores éticos y de captura política del sistema, y solo de manera marginal en cuestiones procedimentales, de presupuesto o normativas.
4. Ranking institucional: el Poder Judicial en el último lugar
El relevamiento de confianza sobre 18 instituciones, organizaciones y actores sociales revela una jerarquía elocuente. En la cima se ubican los sistemas científicos argentinos (CONICET, INTA, INTI) con un 83,4% de confianza positiva, las universidades públicas (78,6%) y los sistemas científicos del primer mundo (78%). En el extremo opuesto, el Poder Judicial obtiene apenas un 4,9% de confianza positiva, ubicándose por debajo de los políticos en general (8,5%), del Congreso (10,6%), de los partidos políticos (12,8%) y de la propia Corte Suprema (12,3%). El sistema judicial aparece, en términos de prestigio social, en el último lugar del listado relevado.
Esta jerarquía dibuja un mapa simbólico claro: las instituciones del conocimiento conservan legitimidad; las instituciones políticas y judiciales, no.
5. Poder real y atribución de corrupción
Consultados sobre qué institución tiene mayor poder real en la Argentina, el 33,8% menciona a los empresarios, seguido por el Poder Judicial (21,5%), el Poder Ejecutivo (21,1%) y los medios de comunicación (19,8%). La atribución de poder se distribuye entre actores económicos, judiciales, mediáticos y políticos, configurando una imagen de poder difuso pero concentrado fuera del cauce democrático-electoral. Sintomáticamente, el Congreso de la Nación recibe solo el 0,6% de menciones como espacio de poder real.
Al consultarse sobre la institución más corrupta, el 32,2% responde todas por igual y el 25,1% señala al Poder Judicial, seguido por el Poder Ejecutivo (13%). La percepción de corrupción sistémica convive así con una responsabilización específica del aparato judicial.
6. Casos testigo: Adorni, AFA y SIRA
Los tres casos judiciales relevados como ejemplos de actualidad consolidan el diagnóstico de descreimiento. En el caso del jefe de Gabinete Manuel Adorni, conocido por el 97,6% de los entrevistados, el 76,5% anticipa que la causa se archivará o se cerrará sin consecuencias significativas, y un 86,8% espera presiones sobre la actuación judicial. En el caso AFA (Tapia / Toviggino), reconocido por el 80,7%, el 87% descree de una condena efectiva (33,2% prevé que la causa se frenará o prescribirá, y 53,8% adicional espera, a lo sumo, una pena leve). En el caso SIRA, el menos conocido (52,4% al tanto), el 75,9% lo califica de bastante o muy grave, pero el 80,6% espera procesamientos menores o ausencia total de consecuencias.
Los tres casos ejemplifican un mismo fenómeno: independientemente del signo político del acusado, la sociedad anticipa impunidad. Y lo hace por una razón estructural: en las tres causas los imputados son actores e instituciones con poder político y económico real —un alto funcionario del Poder Ejecutivo en ejercicio, la conducción del fútbol profesional argentino y los engranajes que articularon el sistema de importaciones durante la gestión anterior—. La ciudadanía no descree de la Justicia en abstracto: descree de su capacidad para condenar a quienes detentan el poder. La impunidad no es percibida como un accidente del sistema, sino como su regla de funcionamiento frente a quienes pueden inclinar la balanza.
7. Demanda de reforma: la selección de jueces por mérito
Frente al diagnóstico crítico aparece, no obstante, una demanda reformista clara y mayoritaria. El 76,6% está muy o bastante de acuerdo con que la selección de jueces priorice los antecedentes académicos y los exámenes de idoneidad por sobre la negociación entre partidos políticos. Solo el 7,8% manifiesta resistencia a esta propuesta. Existe entonces no sólo un consenso sobre el diagnóstico, sino también un consenso emergente sobre el sentido de la reforma necesaria.
8. Corrupción y vida cotidiana
La corrupción no es percibida como una cuestión abstracta o restringida a la elite política: el 93,6% considera que afecta mucho (71,9%) o bastante (21,7%) a la vida cotidiana de los argentinos. Este dato cierra el círculo analítico: la desconfianza judicial no es disociable del impacto material que la corrupción tiene sobre la economía, las oportunidades y la calidad de vida del ciudadano común.
Síntesis transversal
Los datos relevados configuran un escenario de crisis de legitimidad institucional con vocación de transversalidad. La Justicia argentina no enfrenta un cuestionamiento sectorial ni partidario: enfrenta un rechazo masivo, transgeneracional, transeducativo y transideológico. Votantes de Milei y de Massa, jóvenes y mayores, universitarios y trabajadores de oficios, autoidentificados de izquierda, centro o derecha, coinciden en un diagnóstico que tiene escasos antecedentes en la opinión pública argentina por su nivel de consenso negativo.
Este consenso negativo es, paradójicamente, una oportunidad. Cuando una sociedad coincide en el diagnóstico, también puede coincidir en la salida. El 76,6% que pide reforma del sistema de selección de jueces, y el 80% que ubica el problema en la corrupción y la influencia política sobre el Poder Judicial, dibujan una agenda posible: una reforma que devuelva al sistema judicial las dos cualidades que la ciudadanía hoy le niega —independencia e idoneidad— y que recupere la confianza erosionada durante décadas de captura política y económica.
Ficha institucional y técnica
Institucional
- Autoridades
- Facultad de Psicología · Universidad de Buenos Aires
- Decano
- Lic. Jorge A. Biglieri
- Director OPSA
- Dr. Gustavo E. González
- Responsable del estudio
- Dr. Gustavo E. González
- Responsable de medios
- Pablo Fernández
Ficha técnica
- Tipo
- Cuantitativa
- Modalidad
- Encuestas on-line geolocalizadas
- Contactabilidad
- Invitación a través de redes sociales, según parámetros de geolocalización
- Universo
- Población general, mayores de 18 años
- Muestra
- 1.217 casos · Error ±2,8% · Nivel de confianza 95%
- Cobertura
- AMBA (CABA y Gran Buenos Aires)
- Diseño muestral
- Muestra probabilística al azar simple, ponderada por género, edad, educación y voto en la 2.ª vuelta de las elecciones generales
- Fecha de campo
- 20 al 24 de mayo de 2026